07 Lo que la Encarnacion de Cristo nos EnseA�a
Capítulo 7
Lo que La Encarnación de Cristo Nos Enseña acerca de
La Inerrancia La lógica de algunos todavía insiste que cualquier cosa que involucra a la humanidad tiene que dar lugar a la posibilidad de pecado. Así, dicen ellos, ya que la Biblia es un libro tanto divino como humano la posibilidad y actualidad de errores existe.
Vamos a examinar esta premisa. ¿Es siempre inevitable que hay pecado donde la humanidad está involucrada?
Si usted estuvo tentado a contestar afirmativamente, quizás una excepción llegó a su mente de inmediata. El título de este capítulo puso la idea en su mente. La excepción es nuestro Señor Jesucristo. Fue el Dios-Hombre, pero aun así su humanidad no estaba involucrada con el pecado.
El sirve como ejemplo claro de una excepción a la lógica abrazada por las personas que creen en la errancia.
La doctrina verdadera del Dios-Hombre declara que él poseyó la completa y perfecta naturaleza divina y una perfecta naturaleza humana, y que aquellas fueron unidas en una persona para siempre. Su deidad no fue en ningún detalle disminuida; su humanidad no fue ilusoria, aunque sin pecado; y en su persona única sus naturalezas existieron sin mezclarse, sin cambiarse, sin dividirse ni separarse.
De igual manera, la Biblia es un libro divino-humano. Aunque se originó en Dios, literalmente fue escrito por hombres. Es la palabra de Dios, transmitida por medio del Espíritu Santo.
Hombres pecaminosos escribieron esta palabra, pero lo hicieron sin error. Tal como en la encarnación, Cristo fue hecho hombre pero no fue empañado en ninguna manera con el pecado; de la misma manera, la producción de la Biblia no fue empañada con ningún error.
Vayamos todavía más allá con la analogía. En la humanidad de Jesucristo hubo algunas características que no fueron opcionales. El tuvo que ser judío. No pudo ser gentil. Tuvo que ser hombre, no mujer. Tuvo que ser sin pecado, no pecaminoso. Pero hubo algunas características de su humanidad impecable que pudieran llamarse opcionales. Jesús pudo haber tenido una perfecta humanidad dentro de una variación de unos cuantos centímetros de altura en su madurez. Un enano o un gigante habrían sido imperfectos. Pudo haber variado un poco en su peso y todavía ser perfecto. El número de cabellos en su cabeza, dentro de cierto límite, hubiera sido una opción impecable. Realmente, la humanidad que él exhibió fue perfecta.
Los escritores de la Biblia no fueron pasivos. Ellos escribieron siendo llevados por el Espíritu, y en aquellas Escrituras hubo cosas que no se pudieron decir en otra forma. Pablo insistió en el singular en vez del plural en Galatians 3:16. Pero había algunas opciones impecables como en la declaración emocional de Pablo en Romans 9:1-3. Sin embargo, la Biblia que tenemos es en realidad el registro perfecto del mensaje de Dios para nosotros.
Todos luchamos con la relación entre el autor divino y los autores humanos de las Escrituras. No debemos hacer tanto énfasis en el divino que despreciemos al humano; y el humano no debe ser tan humano como para permitir errores en el texto. Dios dictó la ley (Deuteronomy 9:10). Al otro lado de la escala del involucramiento divino-humano, el Dr. Lucas investigó su material (Luke 1:1-4). Pablo se expresó libremente (Romans 9:1-3), y rígidamente (Galatians 3:16); pero en todas partes escribió exactamente lo que Dios quería que tuviéramos.
Una cosa semejante ocurrió en cuanto a la persona de Cristo en los primeros siglos de la historia eclesiástica. El docetismo, una herejía del primer siglo, enseñó que Cristo no se hizo hombre, sino que parecía como hombre, robándole así de su humanidad genuina. Por supuesto, el docetismo fue una cristología errónea, pero uno puede ver la analogía con la cuestión del origen doble de la Biblia. Los que proponen que hay errores en la Biblia dicen que la inerrancia da tanto énfasis en el autor divino que descuida “lo humano”. De modo que la obra de Dios fuera de escritores humanos en producir una Biblia completamente sin error se dice ser un punto de vista de inspiración docética. Karl Barth ha hecho esa acusación, y aun más reciente, lo ha hecho el teólogo holandés Gerrit Berkhouwer y el profesor en el Seminario Fuller, Paul Jewett. No obstante, si fuera verdad (la cual no es) que aquellos que mantienen la completa inerrancia de la Biblia abrazan una herejía semejante al docetismo, entonces sería igualmente verdad que aquellos que mantienen alguna clase de errancia sostienen una doctrina semejante al ebionitismo.
En el segundo siglo los ebionistas negaron la deidad de Cristo al negar su nacimiento virginal y su preexistencia. Ellos pensaron en Jesús como el hijo natural de José y María, quien fue elegido Hijo de Dios en el tiempo de su bautismo, pero no como el Hijo eterno de Dios. Ellos creyeron que Jesús era un gran profeta y en un alto grado mayor que los arcángeles, pero no divino.
Ahora, si se supone que la inerrancia es una doctrina semejante al docetismo, entonces, la errancia aunque limitada, es obviamente una herejía semejante a la de los ebionistas, puesto que la humanidad de la Biblia tiene que permitirle errores. Según el punto de vista de la errancia, puesto que hombres fueron involucrados, no se puede garantizar que sus escritos están sin error aunque el Espíritu Santo los guió y los inspiró. Este es un error ebionista.
Pero recuerde, hay una doctrina ortodoxa de la persona de Cristo, y hay una doctrina ortodoxa de la Biblia. Las dos involucran a Dios y al hombre, y ambos resultan en un producto impecable.
